Las plantas duermen y se despiertan igual que nosotros, los humanos. Tienen su propio reloj biológico que regula sus ciclos de actividad, parecidos a nuestros ciclos de sueño y vigilia.
El sueño de las plantas consiste en el cierre periódico (y posterior apertura) de sus órganos, sobre todo de los pétalos de las flores, a lo largo del día. Este fenómeno se llama movimientos nictinásticos y se debe al cambio entre el día y la noche.
Esto ocurre para protegerse de condiciones climáticas adversas, como la lluvia o el frío, así como para evitar la pérdida de humedad y protegerse de las plagas.