
Por qué no hay que tener miedo a que caiga un rayo en un avión
Cada avión en servicio del mundo recibe un rayo, más o menos, una vez al año. Pero antes de que decidas no volver a volar nunca más, vamos a ver qué pasa cuando un rayo impacta en un avión.
En realidad, no pasa nada grave. En el diseño de los aviones modernos siempre se tiene en cuenta que todo el equipo, así como los sistemas eléctricos y de combustible, deben estar protegidos contra las descargas de rayos, en las que la intensidad de la corriente alcanza los 30 000 amperios. Cuando la descarga impacta en el fuselaje, la electricidad pasa a través de la capa exterior de aluminio del fuselaje sin causar ningún daño real.
A menudo, esta protección funciona tan bien que los pasajeros ni se dan cuenta de que un rayo ha impactado en el avión, y el único daño posible es una pequeña quemadura en el revestimiento del fuselaje en el punto de impacto.
Sin embargo, un pasajero atento y con conocimientos de física puede anticipar el impacto de un rayo si se fija en el repentino aumento de las luces de San Elmo en las puntas de las alas. Estas franjas luminosas pueden llegar a medir entre 3 y 5 m de largo y 15 cm de ancho. La mayor actividad tormentosa suele darse a una altura de entre 1.500 y 4.500 metros, mientras que la altura a la que vuelan los aviones de largo recorrido es mucho mayor.